...el rey no le dijo nada, en su cámara se entró enviara dos maceros, los cuales él escogió. Estos fueron a la reina, halláronla en oración. La reina como los vido casi muerta se calló, mas después en sí tornada, con esfuerzo les habló: -Ya sé a qué venis, amigos, que mi alma lo sintió; y pues lo que está ordenado no se puede excusar, no. Di, Castilla, żqué te hice? No por cierto, no traición. Hoy cumplo dieciéis ańos en los cuales muero yo; el rey no me ha conocido, con las vírgenes me voy. Dońa María de Padilla, esto te perdono yo; por quitarte de cuidado lo hace el rey mi seńor. Los maceros le dan priesa, ella pide confesión: perdónalos a ellos, y puesta en contemplación danle golpes con las mazas: así la triste murió.